sábado, 12 de agosto de 2017

Capitulo 2: Mi primera vez (Parte II)





Pollas, pollas y más pollas. Era todo lo que podía ver al entrar al Copper, para un chaval que no había pasado de las pajillas de instituto y de alguna buena mamada de algún amigo curioso, aquel primer impacto visual fue estremecedor. 

Había hombres en calzoncillos y otro sin ellos, pero el color que más destacaba era el color de la carne. Había cierta oscuridad (el mito era cierto), el bar era alargado con una barra y unas cortinas al fondo

- Tras la cortina está la diversión. – Me dijo Pedro.

Yo me quedé en la barra tomando (otro) whisky, estaba ya más que contento pero a pesar de ello no me atrevía a pasar de aquella cortina de la cual no paraban de entrar y salir hombres.  Alguno de ellos de muy buen ver. 

Las pollas erectas me parecían preciosas, en el gimnasio no las veía así, con que aquello me pareció como vivir en una película de porno gay,  las cuales yo no veía, aunque en el porno hetero siempre me fijaba más en los rudos hombres que en las mujeres. 
Pasé allí un buen rato y los camareros fueron muy amables ambos conmigo. Pero con el tiempo y el whisky las ganas de mear apretaban y  ¿adivináis dónde estaban los baños? Exacto. Detrás de aquella cortina. 

Así que llegaba un momento que me meaba como una persona mayor, pero me era imposible vencer el miedo de entrar allí, hasta que obviamente las ganas fueron tan insoportables que no quedó más remedio que ir, e ir deprisa. Con la cabeza baja, la mirada perdida y sin hacer contacto visual con nadie pasé la segunda línea roja de la noche. 

Al otro lado, el sonido de los gemidos masculinos fue lo primero que me llamó la atención. Estaba oscuro (claro Marck, es un cuarto oscuro) pero con alguna luz que permitía que se distinguían algunos cuerpos. Fue como ver una orgia en directo, me empalmé, me empalmé muchísimo y aun así conseguí ir a los baños que estaban algo más iluminados, allí también había gente. Al acabar de mear me fui despacio pero varias manos me atraparon, me tocaban el pecho, me tocaban las piernas, el cuello… imagino que yo era carne fresca en aquel lugar y  no tardaron ni 10 segundos en echarme  mano, pero vaya manos, que delicia, me sentía masajeado de arriba abajo, pronto descubro que alguien que ni distingo entre los que éramos se mete mi polla en la boca y me la chupa con un frenesí que jamás había conocido en una mujer. Ni un “solo la puntita” ni hostias, bien a fondo, jugando con la lengua, comiendome los huevos, sabiendo como chupar una polla para el deleite del otro y por sus gemidos parece que de si mismo. Una mamada impresionante que me deja aún más cachondo y con la polla más dura. 

Aun así, medio temblando me deshice de las manos anónimas que me rodeaban y volví a la barra, los camareros me lanzaron una sonrisa al unísono al ver la tremenda erección que llevaba en los calzoncillos, y yo estaba que se me salía el corazón por la boca. Sudando y muy avergonzado, aunque no tanto como pensé en primer momento. 

No vamos a negarlo, me gustó, me gustaban las manos y que me tuvieran ahí de pie “bien servido”. Éramos varios pero todos parecían pasarlo bien, habían gemidos y ganas, algo que yo jamás había experimentado con varias personas a la vez. 
Yo ya sólo miraba la cortina, y uno de los camareros me dijo:

- Aquí tienes condones guapo. 

Coño! Los condones, lo había olvidado con los nervios, pero allí los tenían y gratis, había olvidado el miedo a las enfermedades pero cogí 3 o 4 y me los llevé al calcetín, el único sitio donde podía guardarlos ya que lo único que llevaba en ese momento era un calzoncillo.

Volví a entrar, esta vez decidido a ver aquello del cuarto oscuro que tantos mitos y envidias levantaba entre mis amigos heteros. Habían dos literas una arriba y otra abajo, y nada más acercarme a ellas comenzó a chupármela un tío que estaba sentado en la litera de abajo, entendí que la litera estaba puesta a propósito a esa altura y que permitía así al de abajo poder comer pollas a placer. 

Para mi sorpresa el chico era un joven mas o menos de mi edad, ya que la media debia de ser la treintena, estaba de muy buen ver y de nombre que jamás recordaré no tardó en ponerse a cuatro patas en litera para mi… uf, vaya culazo y yo que estaba nerviosísimo era la primera vez que veía un chico de ese modo en directo. Estaba claro que este quería que se la metiera, pero yo con los nervios no fui capaz. 

Volví a salir y mientras me tocaban el culo, lo cual para mi sorpresa, me gustaba. Jamás en mi vida pensaba yo en ser pasivo, pero si sabía que las caricias en esa zona eran muy excitantes.
Decidí salir del bar al poco tiempo de estar ahí, saludé a los camareros y di las gracias a Pedro por su amabilidad. No me había corrido pero ya por aquel entonces me costaba y con los nervios que tenía me era imposible. 

Bajé a la Gran Via camino del metro para ir a mi casa, e iba en una nube. ¿avergonzado? Pues no, me gusto aquello, me gustó mucho. Llegué a casa y no paré de pajearme pensando en los que había hecho, creía ser un transgresor y eso que ni había follado. Durante los siguientes días no paré de pajearme pesando en el local. 

Una cosa tenia clara, lo único que pensaba era en volver. 


1 comentario:

  1. Desde luego fuiste valiente entrar solo tu primera vez, y que esta fuera un local nudista. Muchos se quedan solo en el intento.
    Aunque realmente no pasara casi nada,reconozco esa sensación de medio vergüenza y, sobretodo, tener el corazón desbocado. Para luego revivir lo que pasó, o imaginando lo que podría haber pasado, una vez lejos del lugar y en otro momento.

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